Y me planté en tu portal. No me importaba que las gotas de lluvia, suicidas, se estrellarán contra mi chaqueta. Es más, adoro la lluvia. ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas esos paseos por las calles de Madrid, cuando llovía? Pisábamos los charcos. Y te miro. Te miro y te veo. Te miro y desapareces. ¿Recuerdas cuando desparecí? Desaparecí por mi viaje. Y cuando volví no estabas esperándome. ¿Donde estabas cuando te busqué? No apareciste. Oh, vamos, no me mires así. Sabes que me fundo si tu mirada choca con la mía. Y tus abrazos. ¿Recuerdas cuando me abrazaste por última vez? Pensabas que no te iba a volver a ver, pero aquí me tienes. Cuando estuve de viaje, en el hotel, me hice amigo de los animales. Recuerdo que había un ratón por mi habitación, logré capturarlo. Lo cogí con las manos y me miraba con esa mirada de animal incauto y temeroso. Esa mirada vacía y a la vez llena. Lo dejé escapar. Huyó despavorido de mi. ¿Por qué lo hizo así? ¿Fue por mi aspecto? ¿Fue por qué estoy loco? No estoy loco. Y me besaste. ¿Recuerdas ese beso a la salida del cine? Después de eso, cualquiera se vuelve loco. En mi viaje, me daban caramelos de distintos sabores. Aún sigo sin saber por qué sabían tan mal... Tengo que irme, amor mío. Tengo que volver, se hace tarde y está empezando a llover, como aquel día. Deja que te vuelva a cubrir de esta santa tierra antes de que los parásitos vuelvan a visitarte...
-Teddy Clipper