martes, 25 de junio de 2013

(Otros) Walking through the Empty Age [Chris Mosdell]

I dip my hands into this darkness 
This is the ink of all of our lifetimes 
Here in this world of utter silence 
Let the stones speak to me 
Tattooed here across my skin, "I Will Live" 
Like a rose that grows from the wreckage 
Blood red, beautiful 
How the storms all around me are now breathless 

Is this the end of the raging road 
Through the tangled mind? 
Is this the end of starlit skies*? 
Are we walking blind? 

Let me set out through this morning 
Open arms to greet the empty ages 
Reborn, see how I'm circling 
I'm a sailor, eternal 

Is this the end of the wasted way? 
Is this the death of time? 
Is this the end of blue psychic seas? 
Are we sailing blind? 

Oh, look down on me 
Watch over me as I walk across this world 
Oh, hold me in hidden hands 
Let us go 

Oh, look down on me 
Watch over me as I walk acorss this world 
Teach me how to take my first footsteps... 
to the end...


Chris Mosdell

PD: Este poema no es mio, pero me pareció tan espectacular que tenía que compartirlo con todos.

Si queréis una versión cantada, aquí tenéis:http://www.youtube.com/watch?v=NKNv8QKLJeE

El anime, Texhnolyze, es hasta la fecha el mejor que he visto, por encima de Lain o GITS. Os gustará especialmente si estáis familiarizados con la obra de Schopenhauer y Nietzsche. Precioso.

viernes, 14 de junio de 2013

Acurrucado

Hadas sin cuerpo revoloteando en la cueva marmórea de mi refugio cristalino.
Aquí estoy tranquilo, aquí, en mi soledad de sueños suaves y caricias acuáticas,
aquí, en mi fantasía de templos ancestrales e impenetrables,
aquí, solo aquí, siento la paz que nunca llega fuera,
siento el calor de los recuerdos que no traicionan.

Ignoro adrede la luz exterior porque la conozco.
Una luz cobriza y de flashes.
Una luz de guerra contra la inocencia.
Una luz de corazones de escarcha.
Una luz de moscas y brasas.
Una luz de un mundo en llamas.

Chaser

A la intemperie de la libertad

Cantares del monte Olimpo atravesando el tiempo hasta mi.

Laberintos donde no corre el viento

Todo mostrando una felicidad de hielo y una euforia de cartón viejo.

Todo cimentado en flores de cristal y arena.

Asquerosamente desconcertante. Vil, vulgar, térreo y sin compañia, y allá donde poso mi mirada,
cenizas.

Chaser

Tributo a los vientos

Tumbado sobre un asfalto premonitorio de veranos,
bajo el sonido sedoso de la luz naranja,
siento las playas de la india tan cerca y tan lejos.
Detrás de esa montaña resbalada por la brisa de frescor neutro y desnudo,
detrás de cien caminos, de desiertos y torrentes, pero al final tan solo a unos pasos.

Me abrazo a mi mismo en busca de las alas que me lleven a las profundidades de las historias,
anónimas,
llenas de humanidad,
maldad,
piedad.
Llenas de ansia de compartir los mil países que una vez cabalgaron los viejos reyes hacia guerras e imperios, gloria, poder y muerte.

¡Cuántas pasiones antiguas albergan los ojos del vacío estelar!
¡Cuántas agonías! ¡Cuánta perdidumbre! ¡Cuánta vida fugaz!
Cuantos centelleos de niñez prisionera.

Tumbado aquí, a la merced del conductor, deleitándome con la perspectiva onírica de rectas curvadas,
siento el mundo como una extensión de mis sentidos.
Siento mi alma mortal y libre de dioses preparada para abrazar, como viajera indomable,
cada día de lluvia,
cada morir en soledad,
cada manantial de tragedia,
y todas las noches de amor adolescente que se presenten en el camino.

Desde este verano que prometen los horizontes rocosos, el asfalto y los claros de nubes estrellados
y para siempre.

Chaser

martes, 14 de mayo de 2013

¿Qué es real?

Cuestionarse la realidad del mundo que conocemos es algo que los humanos hemos hecho desde varios siglos aC. Aun así, la mayoría de gente de hoy en día no lo ha intentado nunca. Es más, si se lo preguntas tal vez te conteste con que es una tontería.

Saber que es real es algo que no se puede asegurar. Podéis decir que lo que veis es real, pero la vida no es tan simple. Lo que tu percibes del mundo es una cosa y lo que de verdad hay otra. ¿Acaso puedes asegurar que una silla es como la ves? Nosotros los humanos usamos mayoritariamente la vista para conocer objetos, pero otros animales usan el olfato, como los perros. Mientras que nosotros vemos una silla pudiendo ver de que color es, el perro la huele y puede saber si alguien se ha sentado en ella. Pero, ¿Que es más real?, ¿Que la silla es verde o que alguien se ha sentado en ella?, ¿Ambas cosas?. La respuesta es ni una ni la otra. Son percepciones. La información de los sentidos requiere unos impulsos ajenos al objeto (luz para la vista, aire para el olfato) y además un cerebro que procese la información que se obtenga. Esos ya son dos factores que pueden alterar la realidad de la silla aumentando la posible falsedad de lo que creemos saber. Se le podrían añadir algunos mas, por ejemplo, si alguien, con antelación a que tu veas la silla, te dice que es verde tu ya iras predispuesto/a a pensar que lo es.

Resumiendo, no nos podemos fiar al ciento por ciento de lo que vemos, oímos, tocamos... Aunque lo seguro es que existe dicha silla, aunque no podamos saber como es, estar está ¿verdad?


Bluehead

Tedio.

                       Tras mucho pensar, había encontrado la palabra: tedio. Era la definición perfecta para tal momento. Con los conocimientos básicos asimilados (y sabiendo internamente que la práctica, aunque aburrida y prescindible, no era del todo innecesaria) me dejé llevar de la mano por la ola de imponente pereza que me atormentaba, cediéndole todo el terreno que requiriese en lo que a mis actos respectaba. Y fue así como acabé aquí, con las manos manchadas de sangre.
                     Aunque suene a tópico, lo primero que haré sera anunciar lo que muchos ya supondréis que voy a decir: no es culpa mía. Y aunque quizás lo sea (y mi vaga menta baraja tal posibilidad, creedme, sólo que no le da tanta importancia como a la trayectoria de estas palabras) yo sigo defendiendo mi inocencia. La culpa es del aburrimiento, del tedio. Él me impulsó a hacerlo.
                  Pero no le acusen tan a la ligera; sé que tiene sus razones para considerarse libre de culpa tan bien como sé que no le faltan argumentos para defender la necesidad de haber llevado a cabo tal atrocidad. Al fín y al cabo es un buen chico, siempre saluda, hace deporte, come variado (con sus cinco raciones de frutas y verduras al día... ¡como mínimo!) y lee mucho. Así que suponiendo que sea el tedio el culpable, no creo que sea merecedor de castigo alguno, ya que es una buena persona.
                 En realidad, la culpa es del padre del tedio. Aquel carnal personaje, dueño de un inmoral carácter que le muestra tal y como es ante los ojos de todo personaje que podamos concebir, fue el encargado de fabricar a nuestro querido tedio. Así es como, en lo que a mi respecta, es don Alfredo, el misántropo progenitor del tedio, quien debería ser desollado (y alguna que otra cosita más, pero sin pasarse) debido a tales crímenes.
                                                                         Nachokage

sábado, 27 de abril de 2013

Vacuas palabras para un recargado sinsentido al desvivirse por la palabrería.

                                La tormenta interior que sacudía las cadenas de la corrupción que arruinaba el alma que una vez se había apoderado de los sentimientos que una vez sufrí cayó inocua ante el expectante vacío del sinvivir azotado por las tinieblas que otra vez se arremolinaban a mi alrededor como si de el centro de un enrabiado huracán se tratase. Y no se podía hacer nada, porque era un sinsentido que carecía de significado alguno que pudiese ser interpretado. Era un ataque a las normas, era un impasible atentado contra la estructura antaño asentada por los estruendos que, ahogando a mi ser en lágrimas de una sangre ya seca que no podía caer por mi cara desgarrando mis sonrojadas mejillas, roían las paredes que conformaban los muros de mi fuero interno.
                               La confusión atenazante que capturaba aquellas últimas palabras que intenté escupir antes de ser callado por un farfullante loco ensimismado en sus continuos vocablos transgresivos no fue más que el fruto de la ira y la vergüenza que me hacía sentir leer según qué palabras, según qué frases, escritas como si de un libro estrangulado por unos plausibles ignorantes que se acomodan ante el letrero de la ineptitud.
                             Y de ahí nace tal horrenda creación como es este escrito. No lo elogien por favor, no es más que un insulto a toda existencia literaria jamás concebida. La fructífera abominación que está ahora invadiendo sus mentes mientras sus inocuos y serviciales ojos se pasean nerviosos y desesperados por unas lines escritas sin la más mínima intención literaria no ha sido creada para nada más que la mofa, un pequeño ejercicio satírico contra las increíbles muestras de tan amplio y esculpido vocabulario que lucen hoy en día algunos escritos sin cubrir la infame y autoritaria aunque rebelde necesidad de cumplir irremediable pero impunemente con las normas de la sintaxis y la gramática.
                           Espero que vuestros antes entumecidos cerebros ahora despiertos de su eterno letargo interno estén capacitados para procesar de forma óptima e irreverente aunque contundente pero sin ser creyente el mensaje que en estas estúpidas y malsonantes palabras dejo grabado.

P.D.: Quiero pedir toda disculpa que me sea posible generar a cualquier ser que haya posado su ojos ávidos de una entretenida lectura en esta abominación a la que he dado a luz, pero consideré necesario recalcar que unir palabras como si de un matrimonio concertado se tratase no da pie a un escrito ni tan siquiera aceptable.

                                                                    Nachokage

jueves, 25 de abril de 2013

El interrogatorio (Pt.1)


El hombre calvo de la bata volvió a suspirar. No entiendo qué quieren.
Llevaba horas encerrada en aquel cuarto completamente a oscuras. Los minúsculos atisbos de luz que era capaz de percibir tenían por objetivo las incontables arrugas de ese curioso hombre que, interrogante, se escondía tras unas pequeñas y redondeadas gafas de un llamativo color que no alcanzaba a distinguir. “Le volveré a preguntar, señorita Lindemann. ¿Qué pasó con el doctor?” oí decir a la voz del enigmático señor que me interrogaba. Tranquila, impasible y monótona, su voz no había cambiado en ningún momento. No importaba si yo llevaba minutos, horas o días ahí dentro, solo sabía que había sido incapaz de notar cambio alguno durante aquel período. Si no lo estoy ya, no falta mucho para que caiga presa de la locura.
No recordaba cómo había llegado allí, y menos aún por qué razón había sido trasladada. Oí un suspiro, unos pocos pasos y algunos suaves murmullos que, según supuse, serían del envejecido carcamal que me estaba interrogando. Al cabo de un rato, el anciano volvió bajo aquel casi imperceptible halo de luz con un cuchillo en la mano. Pocas veces había tenido tanto miedo. Yo había leído muchos libros en los que los personajes se veían envueltos en torturas, e incluso las más leves le habían parecido siempre repugnantes. Imaginar que ahora pudiese tener la oportunidad de protagonizar una escena similar hacía que su interior se retorciese. Los agónicos límites que era capaz de concebir para tan sufrida y temida situación no se le antojaban como algo gustoso en lo más mínimo. Fue entonces cuando el señor de la bata mostró su otra mano, sobre la cual reposaba una naranja fresca. “¿Quiere un poco señorita?”
Fue entonces cuando caí en que estaba realmente hambrienta. Un poco de fruta no hace daño a nadie. “No si no es una sandía de cuatro kilos cayendo desde una altura de siete metros señorita Lindemann.” respondió a mis pensamientos aquel ser imperturbable que seguía sonriendo, embutido en su bata, sin siquiera moverse. Sin esperar a que yo dijese nada, peló cuidadosamente la naranja, como si su vida dependiese de tal acto tan carente de importancia. “Todo ha de hacerse con cuidado señorita, uno nunca sabe qué puede suceder.” comentó tranquilamente el hombre que ahora estaba mucho más cerca suyo, seguido siempre por aquel haz de luz, sin dejar de separar uno a uno los gajos de la naranja, tan metódicamente que asustaba. Necesitaba arreglar la situación, así que decidí empezar por lo primero que pregunta cualquier preso ansioso por volver a ser libre. “¿Cómo se llama, señor?” pregunté cortésmente.
“No lo sé.” respondió aquel sujeto, sin desviar aquella imperturbable mirada que se clavaba en mis ojos. Me alcanzó un gajo de la naranja, el cual ignoré al ver que seguía hablando. “¿Qué nombre daría el pego con mi cara, señorita?” preguntó el desollador de frutas, sin mostrar emoción alguna. ¿Se está riendo de mí? Tras cavilar un rato, me dí cuenta de que no sabía como podía llamarse el extraño sujeto. “No lo sé, no se me ocurre como llamarle.” respondí algo exasperada. Dejó escapar una pícara sonrisa antes de contestar. “No es algo que tenga que ocurrírsete,” dijo el envejecido aunque jovial personaje, “mas sino algo que debes notar, que debes descubrir. Te he dicho que lo averiguases en mi cara.” Segismundo. Ése tiene que ser su nombre. Segismundo Eustaquio. Pero yo no sabía como decírselo. ¿Tan complicado hubiese sido para sus progenitores, aquellos que ahora yo maldecía, ponerle un nombre normal?
“Se equivoca señorita Lindemann,” me interrumpió Segismundo, “aunque no de mucho. Según mi cara, me llamo Segismundo Eduardo.” Estudió mis rasgos faciales durante lo que me pareció una eternidad, y no fue hasta que dio un alegre suspiro que dejaba escapar cierto aura de éxito que se pronunció don Segismundo. “Por lo que veo te llamas Laura. Tus ojos se esfuerzan en intentar disimularlo, pero esa nariz te delata.” Fue entonces cuando me sentí verdaderamente desnuda.

                                                     Nachokage

martes, 23 de abril de 2013

Todo sigue como nunca debió estar


Te quiero. No puedo esperar una hora más, no puedo esperar un día, y menos aún una semana. Necesito decírtelo. Todas estas dudas... no sé de dónde vienen. ¿Miedo? ¿Miedo a tu respuesta? ¿Miedo a una negativa? Seguramente, aunque no sería la primera. No necesito verte sonreír para saber que estoy enamorado de ti, me basta con saber que eres tú quién hace que sea yo quien, con una sonrisa de oreja a oreja, se sienta bien.
Con tus picardías, con tus palabras subidas de tono, con esas expresiones tan graciosas que tanto frecuentas, con esos gustos tan disparatados (aunque quizás sea yo el loco farfullante que va de callejón en callejón insinuando que son el resto los tarados), con el descubrimiento de aquel gusto mutuo por un mundo fantástico sobre el cual soñar, que hacen que divague por los más recónditos rincones de mi imaginación para crear momentos que posiblemente nunca sucederán, para llenarme de una esperanza, posiblemente falsa, de que seré capaz de robarte una sonrisa en el momento en el que menos te lo esperas, de que seré capaz de robarte un beso con la estúpida excusa de tener algo en el ojo.
Porque no me veo capaz de esperar hasta ese día. Me pides que aguante unas interminables semanas de soledad, expectante, sin saber qué me responderás. Y es algo que considero cruel. Porque, aunque no lo sepas, aunque lo hagas sin querer, estás jugando con mi corazón (te aseguro que hay pocos momentos en los que me sienta más estúpido que al escribir esa última frase). Y estoy seguro de que algo has notado, no puede ser que no te des cuenta. Soy tan malo disimulando que acabo dejando de hacerlo. ¿Será por ello que no te das cuenta? ¿Es posible que sea algo tan obvio que te hace plantearte que no sea cierto?”

¿Te acuerdas de esa carta? Siento como si la hubiese escrito ayer. Estaba tan inseguro, tan aterrado. Y ahora, cuando pienso en que no salió tan mal, me doy cuenta de que valió la pena esperar. Vale que quizás si hubiese sobrevivido a aquél accidente podríamos haber repetido días como ese tantas veces como quisiésemos, e incluso quizás quedar algún día para comer, ver una película y lo que tuviese que surgir después, ya me entiendes. Pero tampoco estoy tan seguro de que hubiese valido la pena sobrevivir. No me malinterpretes, me hubiese gustado poder despedirme de toda aquella gente que esperaba verme al cabo de media hora entrando por la puerta de casa, durante la tarde siguiente en la facultad o en aquella cena de reunión de los que estuvimos juntos en clase durante toda la secundaria, pero he de reconocer que, en lo que a nosotros respecta, no era necesario nada más.
La forma en la que te encontré, mirando ilusionada aquellos discos que yo tanto tiempo había mirado con desprecio, me llenó como persona. De la misma forma que tú admirabas a tus ídolos, yo me admiraba a mí. Me apreciaba, orgulloso, de haber podido dejar tales diferencias de lado. Era feliz, porque me daba cuenta de que había sido capaz de enamorarme de alguien como tú (no te lo tomes a mal, lo digo como algo bueno, criticando mi antigua actitud y no tu forma de ser), algo impensable meses atrás. El saltito que diste, aterrada, haciendo que cayese al suelo la mitad de lo que había en los estantes que estabas toqueteando justo antes de que te interrumpiese, no fue ni la mitad de gracioso que ver tu cara enrojecida por la vergüenza. Nunca llegué a saber si se debía a verme por primera vez o al hecho de que acababas de tirar abajo el duro trabajo del dependiente que te miraba como si hubieses matado a su hijo, aunque supongo que no me queda otra opción que cargar con la duda. Entiende que desde mi tumba se me complica un poco ir hacia donde estés para preguntártelo. Últimamente no me muevo mucho.
El momento en el que tiraste todo y te pusiste a arreglar lo que acababas de hacer se me pasó en un segundo, no llegaste ni a saludarme. Fue girarte hacia mí para instantáneamente ponerte a recoger todo, como si lo hubieses tirado a propósito y lo tuvieses todo planeado, los tiempos cuidadosamente calculados. “Perdón, perdón...” te escuchaba decir. No parabas, creo que nunca había escuchado a alguien repetir tanto las mismas palabras. E incluso cuando intentábamos ayudarte tanto yo como el dependiente, pedías disculpas para seguir recogiendo sin parar. No sé si te diste cuenta, pero creo que él no quería que siguieras tocando a lo que miraba como si fuesen “sus niños”, “sus criaturitas”. A regañadientes conseguimos que dejaras de desordenar (sí, digo desordenar, por si no te habías fijado, cariño, en una tienda de discos éstos se colocan según cierto orden) aún más aquello que ya habías dejado presa del caos.

No tardamos mucho en salir, aunque supongo que si lo hubiésemos hecho nos habrían echado, porque esas miradas que nos incitaban a abandonar la tienda no eran precisamente debidas a la simpática complacencia que se tiene con un cliente del montón de los que pasan por ahí, compran algo y se van, y fue entonces, a los pocos segundos de cruzar aquella puerta cuando, al fin, pude contemplar tu bella sonrisa. La verdad es que nunca he sido capaz de entender a esas personas como tú que de un momento a otro pasan, fugazmente, de estar avergonzadas e incluso ahogadas en la culpabilidad a un estado de radiante alegría injustificada. Muchas veces llego a pensar que no sois más que mentirosos que fingís un sentimiento u otro según os convenga. Despreocupada, cegabas a todo aquél que se atreviese a mirarte directamente. Juraría que vi más de una cara que no mostraba mi misma pasión febril por la curva que trazaban tus labios, sino más bien un cierto pánico, dudando en lo más profundo de su ser si tú, la poseedora de tan atractivo cebo, eras humana.
Casi no habíamos cruzado palabra cuando me preguntaste por las clases. Mira que tenía pocos puntos débiles, pero fuiste capaz de meter el dedo en la peor de las llagas. Con evasivas intenté insinuarte que no era algo de lo que quisiese hablar, pero tú y tus constantes “No creo que sea para tanto...” me empujasteis hacia ese abismo con el ahínco suficiente como para tirarme abajo. Aunque he de reconocer que fuiste capaz de solucionarlo una vez te diste cuenta de lo que habías hecho, pero veo necesario puntualizar que podrías haber evitado tan incómoda situación con solo un poquito más de mesura a la hora de hablar y exigir información. No me esperaba para nada algo así, pero te puedo asegurar que había pocas cosas que desease más. No me creía que así, de la nada, me hubieses besado.
Entiende que entonces me indignase. Era yo el enamorado, era yo el que tenía pensado sorprender con algo bonito, quizás un cumplido camuflado, un paseo por ese parque cercano, perdernos por aquellas zonas dónde las plantas crecían lo suficiente como para no dejarnos ver el cielo que nos cubría, y entonces, solo entonces, besarte. Pero no, tenías que aparecerte tú a romper todos mis planes. ¿Qué iba a hacer yo entonces? ¿Debía responder? ¿Debía rechazarlo para, instantáneamente, como si del principio de acción-reacción se tratase, intentar besarte yo? Toda estructura de realidad que había concebido hasta entonces para sostener la situación en la que me iba encontrar durante aquella cita había sucumbido ante un minúsculo pero devastadoramente preciso atentado. Y no me dejaste con otra opción que la de ser sincero.
No te gustó, al menos no del todo, aunque notaba cierta pizca de placer en tus ojos a medida que hablaba, como si a pesar de parecerte una actitud exagerada e innecesaria fuese algo que te pareciese gracioso, que me hiciese ser “un poco más mono”. He de reconocer que no sé como hice para pasar de estar verdaderamente indignado para acabar riéndome de mí mismo y mis palabras a carcajada limpia. Supongo que fue culpa de tu mirada y, otra vez, de tu imponente sonrisa. No tenía nada que hacer contra la suma de tales cualidades.
A pesar de que te me hubieses adelantado a mis intenciones, no te escapaste del paseo por el parque, los juegos de manos y las sugerentes aunque inocentes palabras que , junto a aquellos imparables tartamudeos, escapaban apelotonadas de mi boca como si dentro hubiese algo que las cazase hasta la extinción. No fue hasta después de eso que cogimos el metro para ir a mi casa. Un tedioso trayecto de media hora destacado por una monotonía solo rota, otra vez, como si hiciese falta decirlo, por tu sonrisa y las variadas reacciones de la gente a nuestro alrededor. Aún así he de decir que sigo pensando que algunos miraban más aterrados que fascinados. Pero eso no es algo que tenga que importarte.
Entonces llegamos a mi piso. No me acuerdo con certeza de que pasó en cuanto entramos, solo sé que fue uno de los momentos en los que más gocé de mi vida. Llevaba mucho tiempo sin pasarlo tan bien con alguien, y tú fuiste más que un soplo de aire fresco para mí. Debían de haber pasado horas cuando, junto a la baranda de la terraza, nos abrazamos y nos prometimos amor eterno. Pero, de repente, yo estaba cayendo. No fuiste capaz de gritar. Vi en ti aquella sonrisa que tanto me gustaba, y me alegré, porque supe que, aunque no pudiese estar contigo, tú eras feliz.

Saludos Shin Kirihara,
Me entristece tener que ser portador de tan oscuras noticias, pero me temo que otro caso se nos ha ido de las manos. El índice de suicidios siempre había sido preocupantemente alto, pero encontrarnos con que tantas víctimas de la desolación provocada por sus vidas y la locura desatada consecuentemente escriban cartas a una supuesta amada de la cual nadie sabe nada no hace más que llenarnos de miedo y dudas. No entendemos como puede ser posible que absolutamente todos coincidan en la cita respecto a lo que sucedió con la mujer, pero variando de formas tan dispares lo que hacía cada uno de los sujetos. Empiezo a plantearme que en vez de suicidios sean homicidios, no puede ser casualidad que todos se ahorquen colgando sus cuerpos semidesnudos desde la terraza.
Ya sabe que yo no soy muy de creer en éstas cosas, pero incluso me atrevería a plantear que pueda haber alguna causa paranormal detrás de todo ésto. Algún espíritu atormentado, posiblemente de una joven enamorada a la cual dejaron plantada. Otro factor común en todas las cartas es la preparación previa a la supuesta cita que tenían todos los sujetos, así que posiblemente se tratase de aquella niña que murió meses atrás, siendo brutalmente violada antes de ser pasada por la afilada hoja del cuchillo de uno de sus captores. Nunca se investigó qué hacía la chica sola por aquellas calles, pero los horarios descritos en las cartas de suicidio coinciden de forma espeluznante con uno que he compuesto intentando hacer posible tales recorridos y el horario de muerte de aquella víctima.
Le ruego que perdone mis desvaríos, ya me conoce y sabe que este tipo de casos me quitan el sueño. Entienda que me pone de los nervios pensar en la edad de todos éstos jóvenes, asombrosamente cercana a la de mi primogénito, y solo de pensar que podría pasarle a él algo parecido hace que se me retuerza el corazón. Ya he perdido a un hombre del equipo al que he enviado a casa a velar a un hijo, que fue una de las primera víctimas cuando aún no habían empezado a caer uno tras otro. Supongo que ya entiende por qué le estoy contando ésto, nunca se me dio bien disimular.
Por lo que más quiera en el mundo, no me retiren del caso si, por un casual, llegase a verse involucrado algún familiar mío. No harían más que destrozarme aún más, y el hecho de que me retirasen el permiso para seguir investigando no haría más que hacerme sentir inútil e impotente. Le aseguro que así no harían más que acabar de hundirme. Sé que no soy quién para pedirle ésto y podría meterla en un lío, pero ésto no lo firmo como policía a sus órdenes, sino como su amigo.


Con mucho afecto, me despido
Lee Shen

PD: Lo que ha leído antes de ésta misiva mía es la nota de suicidio que ha dejado la víctima. Sé que no debería habérsela pasado en secreto, pero he considerado que usted tenía que verla cuanto antes.

Desde pequeño fue siempre muy aficionado a la lectura, aún más a aquella de origen japonés (aunque su falta de dominio del idioma no le dejaba con otra opción que leer la traducción castellana), y la edad no le había quitado el afán por las novelas policíacas, en especial las paranormales aventuras protagonizadas por Kirihara y su ayudante Lee.
Sin tiempo de marcar la página donde había dejado la lectura, Pau cerró el libro de forma torpe y atolondrada, dejándolo tirado encima de una cama deshecha. Sabía que hacer esperar a su madre no era algo bueno, pero aún así la había vuelto a forzar un poquito más que el día anterior. Con el paso del tiempo había notado que había un margen de tardanza sobre el que podía moverse sin correr el riesgo de ser castigado, siempre que su madre no estuviese en lo que su hermano mayor llamaba “esos días” (entonces era inevitable quedarse sin postre). Tras darse cuenta de la existencia de tal margen, el pequeño joven había decidido que intentaría aprovechar ese tiempo hasta un poquito más del límite ya establecido, con la esperanza de así conseguir ensanchar un poco esa franja sobre la que oscilaba.
Al acabar de bajar las escaleras casi se chocó con su hermano Marc, que por lo que le pareció venía de discutir con sus padres. “Lleva't del meu camí petitó, avui no estic per jocs.le rugió amargamente, con cierto tono de pesadumbre bañando sus palabras. “Perdó... se disculpó Pau, preocupado. No entenc què li passa darrerament. Últimamente la relación con su hermano iba a peor, pudiendo llegar a pasar días enteros sin siquiera cruzar palabras, compartiendo como mucho antipáticos gruñidos. “Tant se'm fot que demanis perdó, no necessit les teves disculpes. Sols has de llevar-te d'enmig.” volvió a gruñir su hermano. Sin dudarlo, Pau se apartó rápidamente, aunque no lo suficiente como para esquivar aquella mirada de soslayo que le lanzó Marc. Una mirada de aquellas que no se olvidan tan fácilmente.
Pero los problemas no acababan ahí. La mare està plorant. De no ser por ese último altercado con su hermano, habría pensado que lo hacía por su culpa, que habría descubierto que llegaba tarde a propósito. Quizás era por las dos cosas, quizás su hermano se lo había contado a su madre para intentar salvarse de otro castigo a su persona. “Mare...” llamó Pau inquieto e intranquilo. Tapándose la cara y sin parar de llorar, su madre apoyó un plato lleno de sopa sobre la mesa. Tras intentar escuchar atentamente a las ininteligibles palabras que pronunció su madre, dio por hecho que lo mejor que podía hacer era irse. Fue entonces, al girarse, cuando se dio cuenta de aquellas pequeñas manchas de sangre en el suelo. Ara ja sé per què plora. S'ha tallat. Darse cuenta de por qué su madre estaba tan mal y de por qué su hermano habías sido tan antipático le reconfortaba. Ell estava inquiet perquè es preocupa per la mare. Té por. Aún así, dentro suyo sabía que algo iba mal. Su inocente corazón de niño pequeño lo atribuyó a que el corte era más grave de lo que podía llegar a pensar, pero en lo más hondo de su ser una duda corroía su alma.
Sabía que eso no era lo que había pasado. Sabía como eran las cosas, pero se había cansado de tener que mentirle a todo el mundo cuando decir la verdad era más fácil. Además, cuando uno cuenta aquello que cree que es verdad se siente mejor. Al manco això deia l'avi. Com l'enyor, ell hauria sabut què fer. Llevaba meses haciendo lo mismo. Para evitar mentirle al resto, se había mentido a sí mismo. A pesar de saber la verdad, se había hecho creer que aquella no lo era, creando una nueva realidad sobre la que hablar. Así, todo era más fácil: en vez de mentirle al mundo, se mentiría a sí mismo. Entonces, al contarle los hechos al mundo, conseguiría ocultar la realidad sin mentir.
Sin darse cuenta debido a su ensimismamiento, llegó hasta las escaleras, donde tropezó, volcando la sopa sobre alguien. No se escuchó ninguna réplica. Subió la mirada para, sorprendentemente, encontrarse con su padre. Bueno, todo menos su cabeza. “Vine, ha arribat el teu torn.” escuchó decir al cuerpo, sin entender cómo hacía para hablar sin boca. Potser les meves novel·les s'han tornat reals. La falta de sentido de la situación no hizo que perdiese la calma, y siguió a su padre hacia el jardín. En el centro yacía, orgullosa, una bella guillotina. Con un detallado acabado que tomaba por forma las siluetas de los pensamientos de toda esa gente que había pasado por ella, descansaba bajo el sol del alba, esperándole. No estava a punt de sopar fa un moment? Nunca había controlado muy bien los horarios, así que achacó a ello tal desfase temporal.
Tomba't recolzant el teu coll sobre ella.” le dijo aquél cuerpo que había sido su padre. Boca abajo, buscó una cómoda posición para dar un rápido fin a la perturbadora situación. “No fa falta que et posis mirant cap al terra, on és més fàcil conformar-se.” le dijo aquella impasible voz. És clar. Ara ho entenc. Se dio cuenta de que no tenía sentido ponerse hacia abajo. Su comportamiento, junto al de todo el resto de personas, había sido la ignorancia: dejar de lado aquello que tenían delante de sus ojos. Injusticias pasaban día a día, y el ser humano ya no necesitaba mirar hacia otro lado. Había desarrollado una indiferencia que le protegía de toda posible culpabilidad que pudiese sentir. Se giró, y se dio cuenta de que la hoja de la guillotina le tapaba el sol. ¿De qué servía que se pusiese boca arriba si no iba a sentir su abrazo? Como si hubiese leído su mente, la voz se puso a hablar, ésta vez altiva y autoritaria. “Els fets t'envoltaren tot aquell temps, però tu els ignorares, cobrint-te amb una capa de mentides. ¿Per què hauries de necessitar l'escalfor del sol, la seva il·luminació, ara que ja és massa tard i dus tant de temps sense haver fet res, sense haver ni tan sols apreciat la seva calor?”
Torna a tenir raó. Sin rechistar, aceptó su destino. En las novelas que había leído, hoja caía veloz y amenazante sobre la cabeza de los malos, pero ahora era capaz de ver como la hoja cortaba poco a poco el aire, la luz, la esperanza y todo aquello que se encontrase a su paso. Als meus contes tot acabava sempre bé. Aunque tardó, llegó el esperado momento. Sintió el frío corte del acero sobre aquél cuello que segundos antes había sujetado su cabeza. A pesar del lento descenso sobre el aire, el corte fue lo suficientemente rápido como para no darle tiempo a pensar en aquél gélido beso. Y, al igual que el resto del mundo, desde entonces no volvió a pensar.

Agitado, Pau despertó. Había vuelto a soñar con aquella fatídica noche. Aquella última vez en la que vio a su hermano, aquella última vez que supo algo sobre la existencia sobre Marc. Esa noche no le perdí solo a él. El saber que no le había vuelto a ver y no había sido capaz de dedicarle unas palabras de despedida era algo que aún setenta años después de lo sucedido seguía carcomiéndole el alma, royéndole los huesos y acelerando su corazón más de lo que pudiese ser sano para su avanzada edad. Aún le dolía recordar aquella última mirada, tan llena de un profundo odio que nunca había llegado a entender. Si tan solo supiese por qué te fuiste. Pero no era eso lo único que le atormentaba. Esa noche algo más había muerto dentro de él. No solo escapó de mí aquella parte ligada a mi hermano. También perdí parte de mi identidad. Algo mío.
Tras seguir cavilando un rato, se dio cuenta de que su amada no estaba a su lado. La llamó varias veces, alternando gritos y susurros. “Catalina... ¡Catalina!” Pero aún así, ella no venía. Fue entonces cuando cayó en ello. Ella también me abandonó. Nadie se queda conmigo hasta el final, ni siquiera yo mismo. La realidad nunca era lo que esperábamos de ella. Daba giros inesperados de formas que podían llegar a ser muy crueles. Un día uno estaba viviendo un romance ideal y al siguiente de éste no quedaba nada. Igual podía pasarnos con la familia, los amigos, los estudios, el trabajo e incluso una parte de nosotros mismos. Sólo había una realidad de la que podía estar seguro: iba a tener que cambiar y lavar las sábanas otra vez, porque había vuelto a mojar la cama.



                                            Nachokage

lunes, 22 de abril de 2013

Con el verdugo de gasolina

Vas viendo pasar los rayos de la tarde tardía, sentado en el autobús, viendo anochecer tras la pantalla de sutil desconexión refleja, y una sonrisa paternal se te escapa al observar el continuo vaivén de deseos lanzados a la aurora nórdica de vientos pasajeros y de tertulias en la red de calles y de manos entrelazadas.

Piensas en todos aquellos que esperan a alguien que los descubra en un callejón de vino barato y humo endulzado y se te escapa una sonrisa de piedad compañera de un corazón preso y presionado y un respirar difícil tras los semáforos en rojo.

Un peso de impotencia por no poder compartir nunca todas las charlas de estrellas con roces azules y rosas de aceite en la cama ni todos los insomnios de locura solitaria en castillos de piedra nevada olvidada.

Un peso de réquiem de ángeles muertos hace mucho, una decepción disonante al pensar en esos niños que corretean entre nubes de miel hacia su tumba helada con arañas en la boca. Aún así, la sonrisa de la condescendencia hacia la inocencia de la pasión tímida de jóvenes y hacia el quiero viajar tanto no puede ser reprimida. Como resultado esbozas esta sonrisa sollozada desde tu asiento  ante la levemente incrédula desconfianza de quien se cruza con tu mirada.

Tampoco ahora te asustan los gritos desde fuera, aunque sientes cierta lástima por la anciana que en un patético intento de refugiar a la niña la cubre con su cuerpo maltrecho y decadente mientras el camión meteórico penetra de lado a toda velocidad, implacablemente divino, y te arrolla en un último cruce de miradas entre el verdugo iracundo, sorprendido por tu pasividad, y tu sonrisa consolada.

Chaser

miércoles, 17 de abril de 2013

Far-away stories, Pt. 1: The wereman


 The young boy wasn't able of standing the crow-eyed man's look, and it was that very same moment when he realized what he had lost. His honor with the lost battle. His pride with the unveiled secrets. His life with his acceptance. Gaining control over this late victim didn't take more than a second to the body-sweeper, and a moment later he was Norell, the mad-lord's steward, bastard son of that same abomination. “Monsters with monsters.” thought Ranick while he built the alloy of his whole collection of memories with those small newborn thoughts. “Not small while I'm into him, I must remember who I am now.” said Norell to himself.
After giving a quick glimpse and remembering where he was, the young boy approached to a six feet tall man that stood sitting and asleep in front of him. “¿Where should I hide myself?” asked the man into the boy that now was not more than a sack of memories. After searching for a while into the not-so-deep steward's mind, he remembered of a small abandoned room nearby, and there he brought him.
The room was small and cold, and not even the tattered and torn old rags that Norell used to cover the man's body seemed warm enough for the situation. Not being able to find anything better, Ranick left himself laying there, covered into what looked like a useless rotten blanket. “Working with these foolish minds is no good at all.” thought the man inside the boy.
Sometimes it grew difficult to stop his other minds from talking. And not a thing could be done to avoid the whispers that always surrounded him. Madness is a small price to pay for enjoying a thousand lives. Ranick had always seen his power as a bless from the gods, a not like the curse his parents were always telling him. Killing the body is not enough. Joining the mind has its consequences. Every act does. But being into another body always lowered other people's activity. They also have to get used to the new brain, to a new home. Sadly, he only remembered being what they were because they were always telling him. He couldn't even be certain that Ranick was his true name, but that didn't really mind. Tomorrow I might be a goddamn maiden fearing an unexpected wedding, as far as I'm concerned.
There was only one thing that the thousand-man could be sure he was. Death. That's what I am. The one with many faces, by all feared and respected. Death. He recalled an old thought in which he saw himself as a god. I thought I could do everything. I knew I could. But then he had discovered others. Maybe not like him, and the ones that shared the same blessing were not as good as him when referred to eye-wars and mind-tricks. Poor old fellow, that stableboy. But I ended up even worst.
A long time ago, during those years in which he remembered not being Ranick but being called as his grandparents wished, he had met a young boy when working for a lesser lady wanting to see his puppet-strings grow longer. The stableboy had been gifted, like him. A “werecrow” he called himself. Trying to emulate a werewolf. The first time Ranick had heard a crow's mind, he had found both funny and interesting, feeling like a newborn baby that doesn't even know what may happen after opening a door. But now the sounds were not something he could stand. Subdueing people was much easier than wild creatures. And when those creatures were corking ravens and muttering hungry crows, you can do nothing to shut them up.
Both he and the stableboy knew what they were right after the meeting their eyes led. But they didn't share a future. Or at least that was what Ranick had thought at first. He didn't truly know the risks his power carried until he got the stableboy's mind into him. “No one dies 'til forgotten.” had been the last words the lad had spit before Ranick got into him. A second later, the stableboy was lying dead on a dry straw bed, and Ranick was at his job as if nothing had happenned. He had been hidden. He knew how to make me suffer.
Mallick was the stableboy's name. He couldn't forget it, and it had been years since the last time he had tried it. The foolish asshole hadn't been a useless sack of thoughts after all. Hidden during decades, he had waited the most critical moment of his life to wake every other mind in him. “No one dies 'til forgotten.” he said before the storm began. The only thing he had done was remembering every victim, every death Ranick carried upon his shoulders, every burden he might have tried to leave rotting with the past. And then he understood those words.
The torture he lived everyday was only similar, when referring to the beastly excessive amount of pain, to the flaying the southron houses used for uncovering the truth of those supposed to know more than they presumed. I learnt that from a prisoner. Next time I'll seek one that is just condemned to lose his head instead of have his tongue loosed. But there was something that made his personal curse something much more horrible than any flaying; it never ended. Most nights he could scarcely sleep, if he did get a chance to rest at all. Decades of killing, possessing, learning, capturing and remembering had transformed him into a living book full of nearly every word and phrase you could like to read. The people who were once his victims and now took their revenge as torturers were counted by thousands. He wasn't able to remember every name, but he remembered their deeds, their words and their voices, everything they had done after he had spoiled their existence and his own.
Even though after some years suffering such an unrespectful treatment, he could distinguish some hierarchy. Unluckily, he had been in charge of a great amount of soldiers, fierce warriors, holy knghts, unexperienced stewards, but soldiers after all. After the stableboy woke them up they suddenly realized they had found an enemy they could fight for eternityand it only took a breath for them to form what they called the punishment army. ¿Will I ever find a way to die and kill them all with me?
He had thought about the possibility of committing suicide more than once, he could not deny that. But every time he thought he had reached his true body, he found himself reappearing into another one after dying. The fact was that he couldn't even remember those in which he lived, nor did the minds so comfortably playing at the siege of his mind, so after he took the crow-eyed man some years ago he decided to avoid more changes. I know it makes it easier for them to linger around, but knowing the field and fortress also gives me some advantage against them. Also, the crow-eyed man was probably the only man he didn't think of as an enemy. Obviously, he attacked, as everyone did. But he knew he would end up returning to his body, thinking with it and, as Oswald thought from time to time, controlling it. Ranick, my name is Ranick.

Nachokage                                                                                

lunes, 15 de abril de 2013

Hasta que la alarma nos separe

Su lengua tenía un delicioso sabor a naranja.
Se encontraban en el parque, en un banco orientado hacia el oeste. La puesta de sol teñía el cielo con un tono rojizo; eran los instantes previos a que la oscuridad se apoderara de él. Sin embargo, en aquél momento el cielo no era el espectáculo que más le atraía. La belleza no se encontraba sobre él, sino a su izquierda.
Tenía el pelo largo, liso, de un color amarillo eléctrico suave al tacto. Sus ojos poseían un tono cerúleo, similar al agua de la mar un día de verano sin nubes en el horizonte. Sus labios eran sedosos; era adictivo tocarlos, besarlos.
Después de aquél apasionado beso, abrió los ojos y contempló su rostro angelical. Ella le dedicó la mejor de sus sonrisas. Sabía perfectamente que compartía sus sentimientos, su grata calma serena a su lado.
Tantísimos años sólo, incomprendido, odiado... le habían hecho perder toda esperanza. Se llegó a plantear el suicidio. Pero la conoció. La conexión fue mutua e instantánea. Tenía una razón para vivir: ella. Ella lo era todo. El centro neurálgico de su universo. Si había divinidad alguna, ella era la encarnación de la diosa suprema.
Mientras se abrazaban, comenzó a soltar lágrimas de felicidad. Se acabó el sufrimiento. Pasarían juntos toda la vida, felices. No le importaba a qué tuviera que renunciar. Sólo quería estar a su lado. Juntos. Para siempre.
Para siempre...
...
...
...
Jamás en su vida llegó a odiar tanto el despertador como en ese momento.
Geist

Paseo y cama en la megápolis [Fragmento 2]

-Pues yo empecé a existir en cuando tu me viste y tú empezaste a existir cuando yo te ví escribiendo en el muro del parque, echando una mirada lenta a las nubes, cortándote y tumbandote en el hielo.

La miro, sereno y expectante, desde el sofá de cuero. Ella prosigue:

-Y no se tu nombre, ni tú el mio, ni eso es relevante. Simplemente vuelvo a aparecer en esta habitación blanca y mohosa. Pero tú sigues estando solo, con tu muerte incompleta has traspasado definitivamente el mundo para venirte con los fantasmas. Solos en esta pequeña y mohosa habitación y nada más existe.

Nos miramos a los ojos, sin insolencias, como en el un espejo que examinamos. Observando el extraño que nos somos, sin decir nada, con todo nuestro pasado derruido como un pueblo de montaña abandonado dónde quedan solo los cimientos. Solo así, sin paredes, entendemos después del final, solo entonces, la magnitud desbordante de cada historia. Desvanecida entre escombros, quedando solo el rastro único de noches frente a la chimenea y reuniones tribales. Entre espejos de fantasmas.

Solo en ese momento me doy cuenta de que va descalza, con una camisa ancha sin mangas y unos shorts que dejan entrever curvas blancas. Le mantengo la mirada cómodamente y me acurruco en sus ojos oscuros. Los dos observando la marina calma de unos ojos enlazando recuerdos imprecisos. Niños entendiendo que el mundo va más allá de sus cuatro direcciones, de nuevo. Impregnado de tomate frito, agua, vómito y sangre, me fuí durmiendo.

Me desperté y ella ya se había quedado dormida. Los dos tumbados de lado, ella se habia quedado, dulce, recogida en la butaca de delante, tapada con algo que parecía más una alfombra que una manta.

Mirándonos fijamente en silencio, explorandonos. En esa noche tan extraña de invierno en que quería alargar el momento una y otra vez sin importarme cuanto se deformara.

Chaser

domingo, 14 de abril de 2013

Pesadilla

¿Qué es este sentimiento?
El mundo está borroso y mi mente está seca, me queman los pulmones. Permanezco tumbado y espero.
¿Es esto la locura?
Entre gritos de la muchedumbre veo a un niño fantasmagóricamente escuálido con unos ojos tan grandes y penetrantes que aplastan mi cuello en una entrangulación de caos de tumulto flotante.
Veo máscaras. He debido de llegar al carnaval de las voces.
En un chillido susurrado distingo un pronto. Fango, a mis lados sangre espesa y sigo en mi cama tumbado en un cuarto vacío. En el carrusel de formas y cadaveres de oro y luces violetas.

Y cierro los ojos y sigo con antorchas y cuchillos de carnicero, y los abro y sigo con ahorcados sonriendome con mirada de paranoia felina.
Me mueven, se me llevan, me arrastran, me apuñalan, me gritan y me vuelven a gritar con júbilo caníbal. Todo bajo un baño de risas y la mirada enorme perforadora del niño de huesos impasible.

Pronto.

No puedo aspirar y llegan de nuevo más agujas por el cuello. El corazón me lo devoran ratas y mis manos atadas.

¿Qué son estos insectos?
Vienen y muerden mis ojos ante mi cielo cayendo. Mis brazos y mis piernas sujetos con cuerda y metal y caras superpuestas y sonrisas de chesire desde las sogas.

Bailando los colgados desde su muerte premonitoria. Las ratas siguen despedazando mi corazón que palpita confuso y desesperado como un niño muerto perdido llorando. Como esta tortura que no sé de donde me viene y mis ojos corroidos y carroña carmesí y ceguera.

No puedo gritarles que paren con este ahogo prisionero. Todos verdugos y esa mirada que me invade y me paraliza y no me suelta. No sé si son lagrimas o sangre o lagrimas de sangre lo que me corre por la cara.

Sigue la marcha de carcajadas en la noche naranja y roja y luces violetas y yo atado a la merced de los puñales.

Pronto.
Pronto.

Me siguen desgarrando las ratas y las avispas y abro la boca y nada emerge ante mi desolación severa y mis punzadas de brasas.

Abro y cierro los ojos en mi habitación vacía pero sigue la prisión abrumadora y los destellos de clavos de hielo en mi pensamiento que se desintegra.


Ven, vamos, corre, no puedo, salta, no puedo, dónde estas, por qué has venido, abrázame, tómame, suéltame, pronto, aún no, aún crezco, aún suéltame, aún tu me necesitas, ven, pronto, no más fuego, ven, porfavor, ahora llegan los verdaderos alaridos, pronto, suéltame, pronto, para, suéltame, ven, corre, no puedo, pronto su mirada esquelética, pronto entenderás, pronto de nuevo dolor, pronto hay demasiadas voces, pronto mi corazón devorado que no quiere morir.


¡Suéltame, déjame, libérame, muérete, al menos mátame!

Pronto.
Pronto.
Pronto.

Jolgório desenfrenado a mi alrededor, colgados blancos y verdes y risas risueñas oscuras con hedor a tumba. Euforia de piel desgajada y mi tortura de arrancar a tirones brutales los restos de mi consciencia y mi cabeza.

En una danza de bestias, en un observar taladros de demonios y mi desangramiento de más risas y mi porfavor despiertame o mátame.

Pronto.
Pronto.

¿Es esto la locura?
Niño no, porfavor quítame el yugo de tu mirada diabólica, tu mirada de absoluta perversión, porfavor desiste, súplicas a un demónio de piedra.

Tumbado, pronto, sé que sigo en mi cuarto en la noche sola. Sé que lo ensordecedor no es una carcajada sino un silencio destructor de terror y los ojos del niño siguen ahí  y los cadáveres me sonrien y ahí siguen las ratas y me levanto de la cama y no me tengo en pie y el mareo del mundo que se va derritiendo en la implacable melodia del calvario insufrible de una voz de sirenas malignas que en un pecado se va demoliendo.

Mi corazón deja de latir mientras me dirijo a la puerta y no puedo, caigo apoyado en la pared de cera que sigue, como el mundo, derritiendose.

La voz de ultratumba en las profundidades de mi mente me retumba en una gravedad de perturbación.

Pronto.

No me sostengo, la mirada, las sonrisas, el júbilo de remolinos de sadismo máximo.

No me sostengo, el mundo se derrite y se distorsiona mi vista en un torbellino que se clava en mis ojos derruidos. Mi corazón sigue sin latir y no puedo soportar el tormento de mi cerebro podrido, la voz que sigue harmonica y desafinada.

Lo intento y lo intento y al fin en mi último aliento de un corazón de piedra carcomido, de un corazón muerto, vacíome todo, absolutamente todo, en un aullido gritado que desgarra el universo. Que se derrite más en una imparable voz que me ensordece de nuevo más y más y no para.

Pronto.
Pronto.

Carcajadas, mirada aplastante, sonrisas de pánico inconmesurable, fuego y dolor en la fiesta de la muerte insorportablemente alaridos.

Pronto.
Pronto.
Pronto.

Ya casi.

Pronto.

Chaser

PD: Bueno, ahora que releo, veo que mi intento de hacer una versión literaria de un clímax de caos tipo Réquiem por un sueño ha sido un fracaso (o eso me parece a mí). Pero bueno, a seguir intentándolo.

Está lloviendo. Otra vez.

                                         Llovía. No era relevante para la situación, pero como le añade dramatismo a muchas situaciones, he considerado conveniente puntualizar tal contexto climático, aunque, insisto, carece completamente de importancia. Que las gotas cayesen, una a una, explotando como si de infinitas bombas se tratase, asediando el suelo cual ariete intentando atravesar el portón de aquella inexpugnable fortaleza (sin éxito alguno), era otra de esas características que muchos consideraréis única, bella e incluso, para seguir repitiéndonos, relevante. Nada más lejos de la realidad. Las gotas caen así cada día, y no vemos a veinte locos mirando el suelo ensimismados, si mal no creo.
                                 Bajo la cobertura de paraguas y demás protecciones contra tal torrencial invasión, los viandantes caminaban sin rumbo alguno por la calle. Por cierto, he olvidado mencionar que eso último es mentira. Tienen rumbo, pero como hoy estoy ensimismado en hacerme el interesante digo que no. Aquél hombre trajeado que juega al Angry Birds con una mano mientras con la otra sujeta un paraguas completamente negro va a su oficina a trabajar, no muy lejos, ya que sino no estaría caminando. Y esa mujer que ves de luto llorando en un coche negro carga con el ataúd que contiene a su hijo, víctima de una violación brutal que estuvo en boca de todos. Durante el día que fue noticia, claro está. El único que noto que va sin rumbo es aquél vagabundo, aunque supongo que es porque no sabe dónde va a encontrar cobertura de la lluvia sin que lo echen a patadas a las primeras de cambio. Pero si quieren, crean que todos van sin rumbo, que no son más que un gregario ramado de ovejas carentes de opinión que no hace más que seguir una rutinaria existencia carente de sentido. Total, ellos piensan lo mismo de ustedes.
                                           ¿Están expectantes ante la posibilidad de que algo suceda? Creo que ya les he hecho notar que aquí no hay nada a destacar. Llueve, hay gente, las calles están colmadas de automóviles que no paran de hacer sonar el claxon para intentar demostrar su supremacía y yo estoy aquí sentado sin hacer nada. O al menos eso les digo. Quizás estoy caminando, pero no me interesa que ustedes lo sepan. También es posible que esté muerto y vea todo esto desde mi omnipresente trono celestial. E incluso también podríamos concebir la idea de que yo soy alguno de ustedes, lectores. Usted, para ser más exacto.
                                     Aún espero (si por casualidad soy usted, podría decir que espera, o que esperamos, como prefiera) a que pase algo, ya sea una invasión alienígena, un accidente de tráfico del cual poder hacerme eco de haberlo visto en primicia, un robo del cual salvar a una dama para así ganarme su favor y acabar beneficiándomela en mi habitación durante algunas noches que en el futuro olvidaré o que venga mi amada a robarme, por sorpresa, un mágico beso. Pero todos esperamos algo, y no siempre llega. ¿Sólo porque llueva esperan que pase algo?


Nachokage

Causa y efecto

Me recuerdo bajo los rayos de un cálido sol de invierno. en el cielo, varias nubes tomando formas fantasticas y a la vez siendo arrastradas por el impasible viento del norte. Me recuerdo en suelo, arropado por varias hojas doradas que caian empujadas por una brisa que olia a mar. Me recuerdo abrazado a ella, acariciando su cabello como quién roza el fuego con los dedos, como quién acaricia algún petalo hiriente. Nos veo juntos, sin importarnos nada salvo nosotros mismos. nos veo juntos, sintiendo el tiempo pasar. oigo el latido de su corazón, oigo el ritmo de su respiración, la tomo de la mano y se la estrecho, ella sonrie, yo ardo en el infierno. me pregunta- ¿te ocurre algo? yo miento una vez -nada, no pasa nada vuelve a preguntar - ¿Seguro? yo miento por sengunda vez - muy seguro Se levanta y se aparta el pelo de la cara. Está hermosa, casi tan radiante como aquel sol de invierno que brilla. me besa en la mejilla y me abraza, se me rompe el corazón -Se hace tarde, deberiamos irnos-me dice tendiendome la mano -Claro-respondo mientras me pongo en pie. Me mira, sabe que le estoy ocultando algo. Con todo, sonrie de nuevo y empieza a caminar. -Espera- le grito - se voltea y me mira. La apunto con un revolver, me tiembla el pulso, estoy nervioso. Ella esta asustada, muy asustada. empieza a llorar y niega con la cabeza una y otra vez convencida de que lo que ve no es más que una broma de muy mal gusto. -Lo siento, lo siento mucho. esto no deberia haber sido así -¿porqué? entonces, miento por última vez- Porque nunca te he querido, nunca he sentido nada por ti, porque no significas nada para mi. apreto el gatillo 3 veces, ella sangra por tres puntos distintos ... mientras muere, mi cordura muere. y en sus ojos la luz se apaga, y en mi alma solo queda silencio.


Green Taylor Simms

sábado, 13 de abril de 2013

Últimos delirios de un paranoico

Ira. Masacre. Destrucción. Muerte.
Regueros de sangre salían de los cadáveres que dejaba a su paso a consecuencia de los consecutivos balazos que recibían aquellas inocentes víctimas.
Solo tenía un pensamiento claro en su siempre ajetreada cabeza: la muerte. La del personal del instituto. La de él mismo, una vez hubiera acabado con su labor. Estaba claro.
Después de tantos años, ejecutar su venganza le hizo sentir, quizá por primera vez en su vida, una auténtica sensación de liberación y disfrute de la vida. Se acabó el sufrimiento. Tan solo tenía por delante su objetivo.
Para cualquier otra persona resultaría incomprensible cómo aquel neurótico podía acabar con sangre fría con la vida de aquellos estudiantes de instituto, completamente ajenos a él. Pero ellos valdrían para su plan. Qué mas daba. Bien fueran aquellos gamberros que le hacían la vida imposible durante su adolescencia, bien fueran aquellos estudiantes que probablemente continuaran el legado de los acosadores. El mundo estaba envenenado. Y él asumió el papel de sanador, intentando suministrar el antídoto por la vía violenta.
No sintió empatía alguna por los gritos, llantos e imploros de niños ni profesores. Ni siquiera las amenazas que provenían por megafonía de la policía le hicieron retroceder. Debía cumplir con su deber. Costara lo que costara.
Consecuencia de ello, no sintió remordimiento alguno cuando le rebanó el cuello a aquella jovencilla pequeña que salió del baño, aparentemente ajena a todo aquel alboroto. Su cuchillo adquirió una capa rojiza sobre su característico tono planeado tras hendirlo en la suave y tierna piel de su cuello. Acto seguido se desmayó, moribunda. Su asesinato no produjo al psicópata placer ni displacer; simplemente la olvidó centrándose en su nueva víctima.
Por fin, su vida valía la pena.
Geist

Adiós, adiós, adiós

Sé lo que me espera, puede que solo haya sido siempre un cerdo en una jaula pero soy parte de este mundo y sé cosas sobre él. Sé que nací en una jaula y sé lo que es una jaula porque he visto algo fuera. Siempre lo supe aún intentando ignorarlo.

Siempre supe que detrás de ese agujero azul de arriba había algo más, algo que no podía imaginar, algo más grande, algo que merecería la pena.

Quizá algo llamado hierba, y sería verde fresca y olería a bosque (bosque, y qué será eso) y quizá en el mundo habría más espacio del que jamás podría recorrer, y mil pastos por ver, y mil veranos, y mil sabores.

De vez en cuando seres blancos pequeños y con manos anchas venían como flotando y se posaban en en el agujero,
y me miraban,
con una mirada de extrema compasión, con ojos vidriosos,
y me invitaban desesperadamente a ver ese mundo de fuera.
Porque lo sabían, los habían sabido siempre, sabían cual era la vida de los cerdos enjaulados. Pero yo sentía miedo,
ira y miedo,
y aunque tuve mis oportunidades, aunque arriesgadas, de salir, me quedaba quieto en un rincón y me consolaba pensando que prefería ser un cerdo en una jaula que un cerdo muerto.
Y ya, sin darme cuenta, ha terminado todo.

Los cerdos de delante y detrás también lo saben. Los seres blancos lloran por nosotros. Y yo les digo con la mirada adiós, cielo azul, siempre soñé contigo.

Que desperdicio, que calma, que nostálgia de lo que nunca viví.

Que latidos aterrados.

Las máquinas van haciendose más y más ruidosas y los chillidos secos son cada vez más cercanos.

Y me pregunto porqué no fuí uno de esos mágicos seres blancos, primero como un pensamiento al vacio y a medida que la cinta avanza hacia mi inexorable final más como un desolador grito que desborda mi inexperto y viejo corazón.

Pero sigo callado y la cinta sigue.

El cerdo de delante cae entre dos fauces voraces de un verdugo de acero gélido y se convierte en un pequeño amasijo de carne y sangre y recuerdos rotos mientras lanza su último aliento ahogado de breve dolor.

En ese momento, en un flechazo de estética divina, me parece una escena bella.

Y ya, ahí voy yo, ya no hay escape (¿lo había antes?).

Pero estoy tranquilo porque no moriré. El ser blanco sabe porque.

Por eso, a pesar de haber aguantado solemnemente observando mi espera en ese infierno de metal y brazos de hierro, se siente tan abrumado que se va volando mientras yo floto en el vacío. Porque lo sabe todo.

Sabe que no moriré porque jamás viví. Adios cielo azul en una última mirada.

Y para mi sorpresa, mientras las sierras desgarran mi ego
no grito.

Chaser

miércoles, 10 de abril de 2013

Amb sa força des sol

Es caminar entre escales de pedra,
ses terrasses a la fresca,
es cel que se va enfosquint,
seguts davant es vent fresc de una tarda estival.

Recorrent es carrers anegats després de aquella pluja aquell día despres de escola.
Aquell poble ple de vies làcteas, aquelles platjes cremant amb bicicletes y xàncles.
Aquell recorrer pinars y pols de terra seca.

Viure entre boscs y aquella escola que no pots oblidar y que en voure, una nit d'aventura, et fa bategar el cor masa fort amb tots aquells moments perduts entre matalasos y finestres y sense pensar en el demá, dibuixant amb guix al ciment del camp, y evocant tant que se't fa un nus al coll.

A través del vidre veig el lloc on vaig pasar tant, on vaig nèixer cada día de nou, y es futur s'esborra davant d'un passat plè de instants que no oblidaré mai.

Y record ara el festival de fí de curs de darrer curs, tot tan ple de camins y tan enfora de aquesta nit de avui, després de 1800 nits,
pens ón seré d'aquí a unes altres 1800 nits.
Pens com será cada nit, pens en mil intents fracasats de recuperar la intensitat dels meus somnis de nin.

Y no veig quant acabar aquesta nit.

Chaser

PD: Aquí he intentado un pequeño experimento con el catalán, concretamente con el dialecto mallorquín. No tengo el mismo dominio que del castellano, pero probadlo, a mí al menos me evoca algunas cosas con mucha intensidad.

Vivir de engaños

Asfixiado por un aire viciado,
en camas de vertederos,
en vertederos de corazones,
voy viendo que no hay lugar al que ir.

Siempre el escape.
¿Por qué no vivir un poco más?
¿Por qué no vivr un poco menos?
¿Por qué no gusanos y bosques de cenizas?
¿Por qué no puñetazos certeros?
¿Por qué no lanzarse al negror aplastante de la costa?
¿Por qué no tiros en la boca?
¿Por qué no ese verano ebrio de descubrir, fascinados, el mundo nuevo de curvas y humos y licores y rocio sobre los parques?
¿Por qué no aquí tan cerca la ventana?
¿Por qué pesan tanto los mejores recuerdos?

Respirando sin encontrar aire, aspirando bajo el agua.
Y mientras, músculos tensados,
ojos aplastados en un suplício y una ansia sofocante de violencia suicida.

Buscando locos.
Buscando un presente que no deje quemaduras.
Buscando cada noche de ese primer verano.
Buscando entre papeles raídos y trozos de diario.
Cada noche de ese primer verano de soles explorando.
Cada noche de ese nuevo mundo que se abría y ahora se decolora.

Chaser

Reminiscencias del tiempo perdido

Me acerqué al parque. La imagen que había almacenado del lugar en lo más recóndito de mi mente se evaporó con una rapidez pasmosa al observar el estado en el que éste se encontraba.
Aquellos columpios en los que de niño soñaba con alcanzar los cielos habían sucumbido al óxido con el paso de los años, perdiendo su color azul característico. La mitad de los balancines faltaban o estaban rotos, como si unos gamberros con mucho tiempo libre y pocos escrúpulos no hubieran tenido otra idea mejor que destrozarlos.
El parque estaba vacío, puesto que hacía ya años que se cerró por reformas (las cuales jamás llegaron a realizarse). Nadie lo había visitado durante un largo tiempo. Sin embargo, sentí que debía hacerlo. Contemplar una última vez los residuos de aquella lejana infancia antes de irme para siempre de mi pueblo natal.
Todavía tenía fresca en mi mente aquella tarde de verano, con seis años, en la que me acerqué por primera vez al lugar. La diversión que pasé con mi pequeño grupo de amigos no se puede describir en breves palabras. No había problemas ni preocupaciones; los mayores se encargaban de todo, los niños sólo nos teníamos que divertir. Era feliz.
Y aquello ya había acabado. Conforme fui creciendo, los problemas del mundo se echaron sobre mis hombros cual mochila pesada. La diversión se fue reemplazando paulatinamente por obligaciones y rutinas. No podía volver a experimentar aquella libertad remota.
Mi niño interior me pidió una última tarde de diversión en aquel parque, y yo, por supuesto, se la concedí. Probablemente me pasé dos horas columpiándome, recuperando aquel mítico objetivo de querer catapultarme hacia la terraza de enfrente. Fueron quizá las dos horas más felices que pasé en muchísimo tiempo.


Geist

lunes, 8 de abril de 2013

Solo quiero dormir

¿Recuerdas cuando te reías y los llamabas cachorritos del odio?
¿Recuerdas esperar el susurro que va llegando?
¿Recuerdas el olor a mar?¿Las olas cálidas de otoño?
No, ese nosequé, nosecuándo,
ese abrazo y puñaladas,
esa conquista nuclear, esa pólvora y una lluvia de petróleo.

Recuerda los dardos y decapítalos.
Ni dios te aguantarías.

¿Tú me quieres?¿Tú me amas?
Tú, Aureliano, llorando en el útero.
Tu, niño de gárgolas,
soy tu voz, he despertado.

Recuerda, esta noche toca pesadilla.
Recuerda que estallarás algún día.

Chaser

En un caballo de acero

Recorres autopistas en busca de accidentes,
cierras los ojos y aceleras,
con voces naciendo en tu cabeza,
con bramidos de soledad y apatía.

Hoy sigues sin estrellarte,
sin buscar dolor deseas nada,
y aquí el viento resbalando,
y aquí la rueda quemando,
y tú con los ojos cerrados y un sollozo en el silencio,
buscando romper tu pasado a toda costa,
romper el dolor de cabeza constante preludio latente de una locura que te aterra,
sigues con los ojos cerrados y aceleras frente al camión.

Chaser

domingo, 7 de abril de 2013

Tic-toc hace el reloj

Daba vueltas sin parar mientras cantaba aquella canción que tanto le gustaba. No paraba de reír y de saltar mientras desafinaba, no le importaba, era feliz. Él la seguía observando desde las sombras, deleitándose con cada movimiento, aferrándose a cada segundo que pasaba a su lado. Para ella, él no existía, pero eso ya lo sabíamos. Se recogió el pelo y se sentó, estaba exhausta. Empezó a jugar con uno de sus mechones mientras tarareaba una nana, a decir verdad, era la única que conocía, una balada de cuna que su padre le cantaba cuando era pequeña. No es que tuviese mucho sentido, pero estas cosas no lo suelen tener “Tic toc hace el reloj y soy su prisionero”- decía el primer verso Entonces, alguien llamó a la puerta. Al abrirla, entró un joven que enseguida la cogió entre sus brazos y le dio un beso apasionado. Él, el que observaba, no pudo con aquello. Sentía como la cólera lo recorría por dentro adueñándose de cada rincón de su incorpóreo ser. La quería para él, solo para él. Sabía que no era justo, sabía que él la quería cómo nadie la querría nunca, sabía que nadie recogería sus lágrimas cuando llorase. Sabía que ninguna persona disfrutaría tanto como él de su sonrisa. Lo único que pudo hacer fue salir de aquella habitación con la máxima discreción posible, siendo una pequeña e insignificante brisa que se coló por la ventana mientras sollozaba perdiendo toda esperanza, pues para ella, él no existía.


Green Taylor Simms

sábado, 6 de abril de 2013

Tributo a las luces

Hoy voy de paseo, miro al cielo, a la infinidad de mundos, de viajes que jamás comenzaré, miro la luna, tan cerca incalcanzable, quiero saltar para siempre, quiero visitar todas las estrellas, ver amanecer mil soles desde mil planetas, quiero rendirme a la belleza que se escapa de galaxias y civilizaciones llenas de soñadores, en sus respectivos paseos, en sus respectivos abrigos, en sus respectivos alientos de invierno.

Aquí en medio de la acera tonos de gris, de pie, sonriendo al universo magnánimo me siento parte de él.

Siento que al menos este paseo,
al menos este paseo.

Ojos del entrañable melodioso, en un cielo como el de hoy, tan nítido, tan lleno de posibilidades, tan cumpliendo sueños, tan despertando anhelos, tan diciendome lo qué busco, tan diciendome qué no alcanzaré, tan rindiendome en una sonrisa insignificante pero plena, tan en estos pasos y farolas de naranja a lo lejos.

Tan llevándome, tan lágrimas de gloria.


Bajo la vista a los edificios y a sombras, a animales, gatos y gente rendida en portales.

Paseantes rodeandome de mil pasados y mil historias y recuerdos, desencantos, fracasos, momentos perfectos, desastres, devastación en humo de cigarrillos baratos, todo guardado en una mirada desconfiada, amigable, quizá una mirada sonriente del que comprende tu pararte a ver el cielo y saluda.

Y el regusto de whiskey en copas voraces entre conversaciones y risas que ocultan vidas enteras en algún bar, y algún camarero contemplando con condescendencia triste de la miseria callada.

Todo tan poéticamente desolado y hermoso, todo un mundo de juguetes rotos, cartas perdidas, besos aferrandose unos a otros al borde del abismo, toda tan lleno del ciclo de la vida, tan lleno de pulmones inchados y corazones en apartamentos con ascensor y balcón y una lámpara y una cama para compartir otra noche más en este lugar que sale de no se dónde, que aparece y exploramos en una aventura sin retorno, pasando en el silencio de conversaciones tras la cortina de jazz.

Tras esta noche que no acaba, dejando atrás los fantasmas del día de nuevo esta noche, tras cafés tras medianoche, tras un abrazo y unos labios roce, tras una piel acariciada y calles, que siguen un entremado de palabras y momentos y gente, que nunca acaban y rios de brisa mensajera, y cementerios y tulipanes con espinas, y barcos en la soledad del oceano embalsamado y arrollador y en calma o tras alguna playa de baños desnudos de espuma y lenguas nocturnas.

Todo tan más allá, todo diciendome algo, todo tan piediendome que corra y salte, todo tan andando, todo tan tus ojos risueños, todo tan libros quemados, todo tan fuerza bruta en piedras de agua en cascadas.

Todo tan roca marina descalza, todo tan tierra despues de la lluvia en la hierba, tan motores y asfalto ardiendo, tan olor de sopa de carne en una madrugada en tinieblas y luz de plata, todo tan viejas historias y viejos durmiendo en sueños de memorias frente a chimeneas y brasas y el pasado que no vuelve.

Todo tan aquí paseando, todo tan aquí sonriendole al mundo y a los mil mundos, todo tan buscando placeres y mugre liberadora.

Todo tan heridas y deseos en cajones bajo llave, todo tan refugios y tus ojos negros, todo tan te añoro tanto, toda esta realidad que esconde algo que sigo encontrando y que no encajo, fantasías de surcos estelares.

Otra vez mirando al cielo y todo es tan demasiado, tan no quiero que este andar noctuno acabe nunca, tan lagrimas de compasión, tan gritos de empatía, tan rostros de impotencia, tan deslumbrar de neón, tan ciudades, tan cienmil cuentos, tan sumirte en incierto, tan de la mano con corrientes, tan recorrer arrecifes lejanos, tan arena fría en la nuca y espalda.

Tan canoas adolescentes en mares perdidos buscando perlas, en el balanceo de cuna del mar azul y negro enamorados, tan en trenes con vagones y desiertos de hielo y abrasar por la ventana empañada.

Todo tan escuchando a la noche que pasa y no acaba, todo tan sumergido entre cajas de personas, tan echado el destino y la casualidad y el azar, tan paseos mágicos de soledad nocturna, tan de pie mirando al cielo.

Todo tan atravesando la comprensión,
todo tan espiritus en el dormitorio,
todo tan lágrimas eléctricas.

Chaser

Largo de aquí

¡Oiga, usted!
¡Sí, sí, a usted le estoy diciendo!
¡A usted, el que está ahí resbalando sus ojos ante estas letras!
¿Quiere hacer el favor de dejar de leerme?
¿Qué se ha creído?
¿Se cree usted que puede invadir mi intimidad de forma pervertida?
¡Esta es mi vida! ¡Usted no tiene ningún negocio aquí, señor mío!
¿Acaso le gustaría a usted que millones de personas estuvieran al corriente de todos sus actos?
¿Se sentiría bien si supiera que hay gente que conoce hasta sus pensamientos más íntimos?
¿Acaso querría limitar su existencia a la imaginación del lector?
¿Sin llegar nunca, jamás a estar vivo?
No, ¿verdad?
Pues bien, ¡olvídeme!
¡Estoy a gusto sin existir!
Céntrese en su vida, por favor.
Perciba sus experiencias, aléjese de las mías.
Hágame caso.
Haga de su vida algo que merezca la pena ser leído.
Olvídese de mundos ficticios y ajenos.
Su vida es el único libro que de verdad vivirá con veracidad.
No lo olvide.
Y ahora...
¿QUIERE HACER EL FAVOR DE LARGARSE Y DEJAR DE LEER ESTO?


Geist

Soledad absoluta

Estaba sólo.
No había nadie más.
Se encontraba rodeado por el vacío absoluto.
Todo se había extinguido.
No quedaba nada.
...
Sólo.
Irónicamente, el objetivo de su vida se había convertido en su perdición.
Ya no tenía motivo alguno por el que vivir.
Pero no le quedaba más que la vida,
                                                                           si aquello merecía ese nombre.
...
...
Sólo.
Cuando aún existía todo, se centró exclusivamente en la conquista de la inmortalidad.
Cerrándose a todo.
Alejándose de su familia.
Perdiendo a sus amigos.
Sacrificando a la única mujer que llegó a amar.
Todo por su sueño.
Y, ahora que lo había logrado,
                                                                         fue cuando verdaderamente perdió la vida.
...
...
...
Sólo.
Había sido testigo del final de su especie.
De la devastación de su mundo.
De la desaparición de todo.
Como un mero espectador.
No quedaba nada más que él.
Era el centro de todo lo que quedaba,
                                                                  pero ¿qué era él?
...
...
...
...
Sólo
Pero ¿qué era?
¿Qué más había para considerarse "sólo"?
Él era lo único, la unidad absoluta.
¿Por qué llamarse sólo, si no podía haber más?
Él era todo.
Todo...
                                                               ...y, sin embargo, no era nada.
...
...
...
Sólo.
Como un simple pensamiento en mitad de la nada.
Como una idea olvidada hace mucho tiempo.
Como una pequeña mota de polvo olvidada en los confines de la existencia.
Burlando la muerte,
                                                                   y aceptando un destino más trágico que ella.
...
...
...
...
Sólo.
...
...
...
Sólo.
Perdió la vida desde el principio.
Sin disfrutar.
Sin conocer la felicidad.
Centrado en una búsqueda sin sentido.
Pretendiendo alargar la vida,
                                                            sin saber que aquello la acabaría anulando.
...
...
...
...
...
Sólo.
Mejor destino hubiera sido la muerte.
Dejar de existir.
Dejar de disfrutar del placer que ya no tendría.
Pero también dejar de sufrir...
                                                              ...eternamente.
...
...
...
...
...
...
Sólo.
...
...
...
...
Sólo.
Ya no tenía sentido pensar.
Ni recordar.
Ni imaginar.
Ya no había nada que diera utilidad a aquello,
                                                                        aunque no podía hacer nada más.
...
...
....
...
...
Sólo.
...
...
...
...
...


Geist

Los exploradores no buscan oro

Recorro un camino de mármol,
en carrozas de papel viajo por la ventana,
golpeando el cristal con deseo joven, con una mirada anciana.

Disocio la luz del sol en mis manos
y torno el calor en rojo, el frío en azul,
el verde tras los reflejos.

Tras los reflejos añoro en un suspiro cabizbajo,
leyendo fábulas, gastando lápices,
en mi caja de papel sin conductor,
por un camino de mármol.

Añoro en un suspiro saltar entre trenes,
robar bancos,
galopar tundras,
mover montañas,
entre siestas,
entre fábulas.

Pero qué sufro yo para quejarme,
aquí,
en mi vacío de confort,
en mi desprecio de arañazos,
en mis banquetes alienados.

Rompo a sangre la ventana y salto.

Chaser

viernes, 5 de abril de 2013

Más gusanos

La gangrena del apagón,
siempre infectando todo,
siempre deshaciendo la masa del ser,
siempre extinguiendome,
siempre aplastandome en un paulatino sosiego de conformidad viciosa y vacía,
en un puzle de notas incoherentes y viajes sin saber porqué.

Una invasión que me va haciendo propenso al placer del sueño intranquilo, que me acerca al deseo de la nada,
al confort de pudrirme en un ataúd, tranquilo desde mi no existencia para siempre jamás.

¿Qué estoy buscando?

Chaser

Encierros y migrañas

Embiagado por una misantropía vendada,
asqueado frente a las heridas de la civilización,
muestro mi desprecio en una mueca de horror a las miradas expectantes y a las que pasan de largo.

En la tortura constante de un caos que se escapa a mi comprensión,
incapaz de reunir el valor para escapar, me refugio en una migraña que devora mi mente enferma.
Me refugio en una nana demoníaca de cien voces sufridas en gritos de lágrimas inabarcables.
Ante la negativa demente a responder
¿Qué es esto?
busco ahora el galeón que me lleve a la respuesta sucia y podrida de
¿Porqué esto habiendo nada?

Chaser

Antes de leer el blog...

Siento mucho provocar esta pausa, pero... veo necesario aclarar cierto punto respecto al blog, los autores y sus estilos.
De lo que quería informar al lector, es de que en este blog hay mucha variedad de estilos, temas, modalidad textual, tipología, intención comunicativa y supongo que también de calidad (cada uno en su fuerte); así que no dejéis de leer a otros autores porque uno no os guste ya que podéis encontrar desde narrativas simples a más complejas, lo mismo con la poesía, e incluso podéis encontrar alguna simple reflexión personal de Bluehead.
Por lo tanto, repito... por mucho que podáis encontrar escritos de mala calidad o para vosotros "nada interesantes", no dejéis de leer a otros autores, por favor.