Algo, algo, tristeza. Cúmulo de enredos de cerveza y caramelo
y una vela de barco y de fuego. Una vela fuerte, que se llevaba el barco,
y una vela intensa, que se quemó deprisa.
Las noches lilas de vodka, los reyes en su agujero, un juego ilusorio.
Caer hacia todos lados, pararse en el fango, o en la arena de la playa.
Dejarse bañar por el sol y purificarse con la brisa de la tarde.
Pero no sé muy bien en cuál de todos los mundos vivo.
He perdido mis caramelos.
Mis mapas están desactualizados, mi plan es inviable.
Se abren las fauces de cables con su fuego frío para matarme de risa. Me digiere en su estómago con su aceite de motor, descompone mis recuerdos y los clasifica, metaboliza mi alma con sus enzimas en los sofás.
Me convierto en un agente de información, algo me absorbe. Ahora soy solo una única neurona.
Pero no sé muy bien en cuál de todos los mundos vivo.
Soy un cúmulo de bits.
También he andado entre la nieve. El hielo del aire era entonces tan diferente. Aún traía murmuros suaves de bosque. Antes de que el murmuro fuera ruido de tráfico.
Recuerdo que ya había pasado medianoche, el aliento se nos helaba y aún así gritábamos en nuestros bailes y rituales. Nuestros secretos iban tomando forma a oscuras en nuestras bocas mezclando licores. La montaña estaba siempre cuidándonos en la noche norte. Y la mala música y las calles tan calladas cuando las atravesábamos. Me sorprendo con lo mucho que añoro esas aceras heladas. Entrar en un hogar cálido. El pelo mojado bajo cero.
Pero no sé muy bien en cuál de todos los mundos vivo.
Llegó el humo y más hielo.
Al subir a la cima llegó el no ser como una sombra en el viento y yo ya no fui.
Dicen que siempre hay que dejar lugar para la esperanza de que todo haya pasado por una buena razón.
Ojalá esto no terminara nunca.
-Chaser
-Chaser
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