lunes, 9 de marzo de 2015

Sueños de una vida: Fragmento suelto I

[...] Miré mi reloj y suspiré. No entendía nada, así que descarté rápidamente que fuera capaz de saber qué hora era. O quizá era simplemente que no quería saber qué hora era o saber dónde me encontraba, ya que realmente ni pensaba en ello. Lo único que me importaba en aquel momento eran los túneles del metro, que se expandían a medida que mi vagón avanzaba, y aunque no supiera en qué vagón podía estar, ni si iba hacia delante o hacia atrás, era una sensación muy segura e incluso atractiva, que no hizo más que alentarme a seguir adelante con mi día.

Al salir de los oscuros, opacos y simpáticos túneles del metro, todo se me vino encima. Todo se desplomó sobre mí con abundantes colores y formas, que totalmente irreconocibles, me resultaban más familiares que mí mismo, por lo que no me asusté en absoluto y proseguí mi rutinario camino sin dejarme impresionar. Con mi cabeza en miles de sitios a la vez, la cuesta se me hizo eterna, cada paso era un interminable viaje: una sucesión de paisajes de enmarque que eran para mí un deleite de los sentidos, una brecha que abría paso a mi mente hacia conocimientos que jamás hubiera imaginado. Y a pesar de no recordar qué se escuchaba a mi alrededor, recuerdo que fue un momento de calma total, en el que nada ni nadie pudo distraerme. Pero al llegar a clase todo cambió. Abrí la puerta, chirriante pero ligera, y fui a sentarme en la parte de atrás, para asegurarme que no llamaría la atención de nadie durante toda la lección. Me senté, y empezó el verdadero viaje. [...]

Axtin Carax

jueves, 5 de marzo de 2015

Lumos

Las luces del suelo brillaban con luz propia. Había decenas de ellas y estaban puestas una junto a la otra guardando una distancia exacta de 10 metros. Si se miraban desde lejos , parecía un cielo más cercano con estrellas que se podían alcanzar.

La música sonaba demasiado bajo para que pudiese molestar, Acompañaba nuestros pensamientos porqué entonces ninguno de los dos hablaba. Ella conducia con la mitad de su atención en la carretera y la otra parte ves a saber dónde y yo, sentado en el asiento del copiloto, seguía con la vista a una pequeña luna burlona que no dejaba de sonreír en lo alto de aquél cielo de diciembre.

Veía señales de stop brillando por las largas de los faros, veía intermitentes y luces de freno en la lejanía. Había poco tráfico, poco que decir. El día me había dejado un mal sabor de boca, un horrible domingo que quería olvidar. Uno nunca estaba del todo contento.

Nos acercabamos a las farolas siguiendo ese decadente baile cósmico que nos volvía fugaces como los sueños. Nada iba a la misma velocidad, nada envejecía  al mismo ritmo... Pero todas las canciones tenían que acabar.

Aparcó el coche bajo una farola y paró la música. El silencio pesaba demasiado; cada secreto, cada susurro al oído, todas esas cosas que nunca se pudieron decir las sentía y me costaba respirar.

Entonces las luces de las farolas empezaron a parpadear a la vez, a todas les faltaba ese algo que hace salir al sol cada mañana, esa esperanza que es capaz de romper toda inercia. Recuerdo sacar mi sonrisa más triste y levantar la vista al cielo mientras todas esas luces subían y las intentaba alcanzar con las manos

jueves, 29 de enero de 2015

DeWitt

Mirándote a los ojos era aún más difícil. El viento hacía que tu flequillo bailase alegremente, como si de mí se mofase. Una sonrisa y una mirada al infinito que servían para hacerme sentir la persona más tonta del mundo. ¿Y se suponía que tenía que escuchar lo que decías?

Porque a veces es difícil. Cuando no haces más que darme razones para sonreír, cuando pienso que es gracias a ti que no he caído presa de la locura, cuando me paro a pensar en lo que haría si no estuviese compartiendo ese momento así... Se me va el santo al cielo y no respondo. La mente en blanco, como si estuviese recién salido de un choque. Con la diferencia de que es cada una de tus sonrisas las que hacen que me quede casi en estado vegetativo, con un reflejo que intenta imitar a tu sonrisa pegado a mi cara.

Alguno diría que eso es algo malo, pero yo creo que es esa pequeña locura la que se encarga de mantenerme cuerdo. Esos momentos en los que lo oscuro que me envuelve desaparece, unos instantes que a veces siento que podrían ser eternos y no me cansaría jamás, aquellos que hacen que siga siendo quien creo ser... y que me ayudan a querer seguir siéndolo.

Antes de leer el blog...

Siento mucho provocar esta pausa, pero... veo necesario aclarar cierto punto respecto al blog, los autores y sus estilos.
De lo que quería informar al lector, es de que en este blog hay mucha variedad de estilos, temas, modalidad textual, tipología, intención comunicativa y supongo que también de calidad (cada uno en su fuerte); así que no dejéis de leer a otros autores porque uno no os guste ya que podéis encontrar desde narrativas simples a más complejas, lo mismo con la poesía, e incluso podéis encontrar alguna simple reflexión personal de Bluehead.
Por lo tanto, repito... por mucho que podáis encontrar escritos de mala calidad o para vosotros "nada interesantes", no dejéis de leer a otros autores, por favor.