domingo, 13 de abril de 2014

Un último salto.

"Uuuuuh... Stop."

El humo del cigarro se elevaba, con sinuosas formas, hasta el techo amarillento por culpa de la humedad. "Esta tarde debería llamar al pintor", pensaba el dueño de unos ojos vacíos de ilusiones y esperanzas. Los acordes de la canción que en ese momento empezaba por la radio le recordaban vagamente a algo, algo que le incitaba a levantarse y cambiar esa rutina de mierda que era su vida, algo que le llenaba el espíritu de rebeldía e inconformismo. A tientas alargó una mano hacia la mesilla que tenía junto a la butaca. Arrastró la mano por la mesa hasta que topó con una botella, tirando con dicho movimiento varias pastillas que había desperdigadas. Una guitarra eléctrica entraba entonces en la canción, mientras él empinaba la botella, buscando en el líquido ambarino una sensación que le ayudara a abandonar su cuerpo. Se paró de beber. Levantó la vista, y ante él se topó con ese espejo recuperado de la casa de su madre hacía siete años, un espejo gastado y viejo, con ese horroroso de los 50'. Sus pupilas buscaban el hombre que una vez había sido: decente, trabajador, simpático, inteligente. Pero en ese argénteo cristal pintado solamente se reflejaba la sombra de un toxicómano suicida que no llegaba a los cuarenta años. Un hombre arruinado, a escasos días de ser desahuciado, que se ganaba el sueldo repartiendo publicidad en casas de gente feliz. Y ese hombre, ese pobre desgraciado, estaba harto de su asquerosa rutina.

"With your feet on the air and your head on the ground..."

La botella que hacía unos instantes relamía se estampó contra el espejo, convirtiéndolo en una lluvia de destellos plateados que intentaba reflejar el moribundo sol que se ponía. Viró bruscamente y se encontró con la butaca. Con toda la fuerza que pudo reunir en sus enclenques brazos levantó la butaca sobre su cabeza, butaca que segundos más tarde impactaba contra la ventana y se precipitaba hacia la calle entre una lluvia diamantina de pedacitos de cristal.

"Try this trick and spin it, yeah."

Ese día iba a cambiar la vida de muchísima gente, ese día empezaba su revolución. Y no hay revolución sin víctimas. Un sacrificio aceptable, a su parecer. Mientras rebuscaba en un cajón de la cómoda que antes soportaba un gigantesco espejo, él pudo oír cómo gritos de terror y pánico empezaban a hacerse oír calle abajo. Posiblemente la butaca habría caído sobre alguien. Y ese alguien podría estar ahora con las piernas partidas debido a un golpe con el respaldo de madera. O con el tórax hundido, y las costillas desgarrándole algunos de sus órganos internos. O quizás yacería simplemente debajo de la butaca, inmóvil, con el cuello colocado en un ángulo imposible. No hay revolución sin víctimas. Lástima, pues él quería ser el primero. Y tenía otra idea. Necesitaba el objeto que él recordaba en manos de su abuelo, cerca de quince años atrás. Ese objeto le ayudaría a empezar su revolución personal. Con una pizca de suerte, funcionaría y todo. Solamente necesitaba usarla una vez, no iba a haber una segunda oportunidad. A su alrededor, los cajones volaban, y la habitación estaba quedando cubierta de viejas servilletas de paño y papeles olvidados años atrás. Encontró el revólver enseguida. Una vieja reliquia de su abuelo, envuelta en un paño, que llevaba sin ver la luz cerca de una década.

"Your head will collapse if there's nothing in it, and you'll ask yourself..."

Pero no todo podía ser perfecto, eso no era una película. Había un precio que pagar. Vidas como la que segundos antes había puesto punto final gracias a su colaboración y a la de su fea butaca. En el momento en que sus dedos tocaron el revólver, un escalofrío le recorrió la columna vertebral. Presa de la impotencia y víctima de los remordimientos, echó a correr hacia la ventana, saboreando las palabras que iban a salir en apenas un segundo de la radio.

"Where is my mind..."

Y saltó. Fue el mayor salto que había pegado nunca. Estaba seguro de que nunca había estado a tanta altura saltando, pues esa era la primera vez en que él saltaba desde un quinto piso. Y sin embargo, sin nada sólido debajo y empezando la trayectoria determinada por la gravedad, el corazón le dio un salto y su vacía mente pensó en rebobinar la acción. Demasiado tarde. Ahora, mientras en la caída se acercaba el cañón del revólver a la boca, su mente únicamente recordaba la canción de la radio.

"Where is my mind, wheeeeere is my mind..."



La pistola funcionó, y la mente que el pobre desgraciado no encontraba se dejó ver, libre de su prisión natural de hueso. El hombre que caía sufrió una repentina convulsión, un movimiento brusco y antinatural, tras el cuál quedó inmóvil y cayó como un peso muerto. Bajo suyo, y también bajo la butaca, un charco rojo teñía parte de la acera, charco que serviría de colchón en el último y eterno sueño de nuestro hombre arruinado. Llamémosle ironía, llamémosle casualidad, pero dicho hombre cayó de espaldas sobre la butaca, en una posición en la que parecía estar sentado. Y debajo de él, las costillas de la primera víctima de su efímera revolución volvieron a crujir.




Ándros.

1 comentario:

  1. Me gustó. Y el detalle de los versos introduciendo (en algunos, de rebuscada manera) el párrafo por venir, no ha quedado nada mal. Sigue subiendo!

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Antes de leer el blog...

Siento mucho provocar esta pausa, pero... veo necesario aclarar cierto punto respecto al blog, los autores y sus estilos.
De lo que quería informar al lector, es de que en este blog hay mucha variedad de estilos, temas, modalidad textual, tipología, intención comunicativa y supongo que también de calidad (cada uno en su fuerte); así que no dejéis de leer a otros autores porque uno no os guste ya que podéis encontrar desde narrativas simples a más complejas, lo mismo con la poesía, e incluso podéis encontrar alguna simple reflexión personal de Bluehead.
Por lo tanto, repito... por mucho que podáis encontrar escritos de mala calidad o para vosotros "nada interesantes", no dejéis de leer a otros autores, por favor.