Siempre supe que detrás de ese agujero azul de arriba había algo más, algo que no podía imaginar, algo más grande, algo que merecería la pena.
Quizá algo llamado hierba, y sería verde fresca y olería a bosque (bosque, y qué será eso) y quizá en el mundo habría más espacio del que jamás podría recorrer, y mil pastos por ver, y mil veranos, y mil sabores.
De vez en cuando seres blancos pequeños y con manos anchas venían como flotando y se posaban en en el agujero,
y me miraban,
con una mirada de extrema compasión, con ojos vidriosos,
y me invitaban desesperadamente a ver ese mundo de fuera.
Porque lo sabían, los habían sabido siempre, sabían cual era la vida de los cerdos enjaulados. Pero yo sentía miedo,
ira y miedo,
y aunque tuve mis oportunidades, aunque arriesgadas, de salir, me quedaba quieto en un rincón y me consolaba pensando que prefería ser un cerdo en una jaula que un cerdo muerto.
Y ya, sin darme cuenta, ha terminado todo.
Los cerdos de delante y detrás también lo saben. Los seres blancos lloran por nosotros. Y yo les digo con la mirada adiós, cielo azul, siempre soñé contigo.
Que desperdicio, que calma, que nostálgia de lo que nunca viví.
Que latidos aterrados.
Las máquinas van haciendose más y más ruidosas y los chillidos secos son cada vez más cercanos.
Y me pregunto porqué no fuí uno de esos mágicos seres blancos, primero como un pensamiento al vacio y a medida que la cinta avanza hacia mi inexorable final más como un desolador grito que desborda mi inexperto y viejo corazón.
Pero sigo callado y la cinta sigue.
El cerdo de delante cae entre dos fauces voraces de un verdugo de acero gélido y se convierte en un pequeño amasijo de carne y sangre y recuerdos rotos mientras lanza su último aliento ahogado de breve dolor.
En ese momento, en un flechazo de estética divina, me parece una escena bella.
Y ya, ahí voy yo, ya no hay escape (¿lo había antes?).
Pero estoy tranquilo porque no moriré. El ser blanco sabe porque.
Por eso, a pesar de haber aguantado solemnemente observando mi espera en ese infierno de metal y brazos de hierro, se siente tan abrumado que se va volando mientras yo floto en el vacío. Porque lo sabe todo.
Sabe que no moriré porque jamás viví. Adios cielo azul en una última mirada.
Y para mi sorpresa, mientras las sierras desgarran mi ego
no grito.
Chaser
No hay comentarios:
Publicar un comentario