Como si hubiere un peligro cerca sigo sin dejar atrás el peso. Aunque quizás me lo busqué empezando yo el juego, que nunca fue para mí un juego, ni para ella ni para mí.
Buscaba en los ojos de la gente, en una mirada fija e inhumana, los veia pasando, siendo, en su cotidianidad, en un trago de whiskey o vodka, en un cóctel pésimo, en un baile de discoteca mugrienta (con chicas deliciosamente mugrientas, como diría un grande), tertulias pasajeras, mirar las nubes en soledad aparente.
Yo los miraba a los ojos y todas sus acciones se disociaban como vistas a través de un cristal translúcido, yo miraba esos ojos con esa mirada especial que atraviesa apuñalando despiadadamente para conocer sus historias, sus nanas perdidas, sus sueños en espejos trizados, su entrañable manera de mirar que solo se observa al ver que todos somos niños intentando comprender, y por encima de todo, su demoledora pregunta ignorada:
¿Qué es esto?
***
Y yo, aún vivo, sin tener que relegarme a ser un fantasma, aún vivo, me elevaba sobre el páramo y lo entendía. Veia en los ojos de las personas el sufrimiento desconcertado y oblícuo y lo irrefrenable de la vida, cada pequeña herida y cicatriz y consciente de lo maligno y dañino de mi mirada, seguía haciéndolo, creyendo estar más cerca de entender la vida (si es que existe), creyendo abarcarla en su totalidad (si es que existe).
Disfrutaba con ello, me elevaba sobre el páramo, más allá del bien y el mal, más allá, sobretodoyespecialmente, del momento.
Disfrutaba con ello, me elevaba sobre el páramo, más allá del bien y el mal, más allá, sobretodoyespecialmente, del momento.
Exploraba con antorchas incendiarias a las personas más allá del instante concreto, lo cual me llenaba de esa euforia orgullosa como cuando un arquitecto ve su rascacielos y se siente un dios.
Hasta el día fatal en que ella, desconocida perversa, me miró y yo, pobre de yo, me crucé con la suya mirada escalante y estranguladora, con esos ojos que penetran y ven más allá, que desconectan todo y analizan mi alma desnuda, mis gestos se vacían de golpe.
En ese momento esa mirada es un arrastre implacable que me estrella contra el páramo.
Mi pecho con un peso repentino revienta y yo me derrumbo de golpe, todo colapsa no como una bomba, más como un pisotón divino que en un inesperado instante me aplasta encarcelándome en el mundo de aquellos sobre los que me solía elevar, relegandome a uno más de esos sujetos tristes con miradas perdidas. Con sueños trizados, el primer paso para ser un fantasme sin sueños en una cuna de silófonos con mirada perdida en una hoguera de corrientes marinas que no vuelven.
Chaser
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